Nos buscaré en Japón
Se acabó, así, sin más. ¿Por qué te escribo? No lo sé, me he acordado de ti y he sonreído. Seré breve, como fue lo nuestro, lo prometo. Se terminó sin ningún tipo de explicación. Como muchas cosas se acaban, de la noche a la mañana. Supongo que fue lo mejor para los dos. La verdad, no me dolió y creo que a ti tampoco. A veces es mejor no tener explicaciones. Fue algo bonito, raro, e intenso, pero bonito, al fin y al cabo. Te lo agradezco. Ibas a ser una más, pero fuiste diferente. Me gusta lo diferente, ya lo sabes. ¿Diferente? Eras muy rara. Sí, mejor definida, muy rara. ¿Para qué negarlo? Fuiste especial. Nunca supe por qué lo eras. Ahora lo sé. Te recuerdo y sonrío. Mejor dicho, nos recuerdo sonriendo y sonrío. Quizás me gustaría que ahora no solo fueras un recuerdo, pero quizás tampoco quiero que seas mi presente. A ratos te echo de menos. Me consuela que en Japón siempre habrá una foto nuestra que nos hizo una turista bajo el cielo de Madrid el día de San Valentín.

